No Queremos Estar Encerrados

[Fragmento]

Consideramos que todo lugar es propicio para aprender y que, muy por el contrario de lo que se piensa, la escuela es un centro que nos aleja de la realidad y, por ello, de una visión de comprensión más amplia de la misma. Nosotros aprendemos en todo momento y en todo espacio en el que nos desarrollamos, empezando por la casa, el barrio, la escuela y demás. Queremos seguir haciéndolo, queremos seguir aprendiendo. Pero no queremos estar supeditados a sus obligaciones. Si aprendemos en todo lugar, quién mejor que nosotros mismos para decidir a que lugares acudir, descubrir y conocer, que lugares nos agradan y cuales no. ¿Quién mejor que nosotros para decidir con quienes aprender y qué aprender?

Tenemos en claro que su pedagogía del encierro termina por negarnos la oportunidad de conocer nuestro entorno de manera directa y física por nosotros mismos. No importa lo mucho que se esfuercen intentando compensar esto ofreciéndonos libros de autores ajenos a nosotros, que desconocemos, y con cuyo contenido no nos sentimos identificamos. Nuestra carencia espiritual, el robo de nuestra espontaneidad y creatividad tampoco son compensados con el "mejoramiento de las condiciones de infraestructura" ni los instrumentos tecnológicos de trabajo. Lo único que logran es limitarnos, acabar con nuestros verdaderos deseos, encerrándonos en espacios donde desarrollamos roles establecidos y normas de conducta contempladas por las agujas del reloj. Ustedes deciden donde y cuando debemos leer, conversar, jugar, reír y saludar; qué debemos hacer y qué no. No les importa que no deseemos hacerlo.

Sus estímulos y motivación nos han vuelto hipócritas. Nos utilizan como objetos sin vida propia. Somos convertidos en cuadernos sobre los que ustedes escriben. Y cuando escribimos nosotros, escribimos lo que ustedes quieren que escribamos. Nos vigilan, controlan, manipulan, ordenan, castigan. No nos equivocamos. Somos tratados como simples objetos.

Lo peor además de estar dentro del salón es que nos expulsen de él, lo cual es muy posible si intentamos desobedecer, y tengan que sancionarnos. Por ello cuando aceptamos sus constantes obligaciones, no lo hacemos por responsabilidad ni por voluntad, sino por miedo. Miedo a ser desaprobados y repetir un año más de sufrimiento escolar, miedo a que los demás compañeros se burlen de nosotros (aunque ellos también tengan miedo a desaprobar), miedo a volver a casa para recibir la comida fría junto con los golpes de papá. Ello es lo único que podemos aprender en sus centros de domesticación: tener miedo.

2 comentarios:

NiTa dijo...

estoy uym de acuerdo pero q alternativa se plantea?

Anónimo dijo...

La alternativa es la autoenseñanza o no?
Yo creo que es más senzato aprender lo que se quiere, al ritmo que se estime conveniente y sin una "autoridad" que dirija y encasille el conocimiento según sus valores. No hay profesor que no enseñe lo que, finalmente, a Él o Ella como docente, le parece lo mejor.
Aguante la escuela en llamas y la deserción escolar.
Churrita